En plena dictadura de Salazar, que se empeñaba en mantener a la mujer en la cocina, estaba atrapada en las redes de una sociedad católica que la aterraba con sus imágenes de santos, sus rosarios y sus promesas de castigo. En ese contexto, las historias de la Comtesse de Ségur (una escritora francesa del 1800 que escribía cuentos con mujercitas caprichosas e insolentes) sembraron en su cabeza la posibilidad de una vida con más oportunidades. Durante toda su carrera ha demostrado una insistente preocupación.-“de ésas en que una pasa la mayor parte del día encerrada en elcuarto, y que en rigor son el mejor entrenamiento para un pintor”.
Hasta que las sombras se arrastraron por sus pinturas y parecieron colocar plomadas a los lienzos. Se plantaron ahí, y con ellas entraron las mujeres, grandotas y atrevidas, con la solidez de una Sibila Cumea de Miguel Ángel. Las mujeres llevaban polleras enormes, llenas de pliegues y volados que les cubrían todo el cuerpo y escondían debajo miles de secretos incontables, y estaban resueltas en un naturalismo molesto, inquietante, que más de una vez la identificó con Balthus, asociación que en rigor se basa más en el estilo que en la sustancia. En Rego todo se da en el centro: nosotros, ella y las mujeres, todos revueltos y con la puerta abierta de par en par.-“…cómo dar sustancia a formas que un día parecían sólidas y reales y, al otro, puro polvo, ligeras y a punto de volarse”.
-“Siempre, de una forma u otra, hablo sobre la dominación, sobre la opresión y la violencia, sobre todo lo que la psiquis no revela”.
-“El hecho de no intentar hacer arte mejora lo que hago”.
