Los artistas imponemos un nuevo orden en las cosas, buscando orígenes y límites innombrados. Audazmente damos nombre a las construcciones de nuestra fantasía. Examinamos la realidad y hacemos tambalear la estructura de la adormecida humanidad. Nuestras visiones son fabulosas y de validez inalterable. Buscamos modelos en los que la vida es más grandiosa y más cruel, aceptando el abismo de la expresión emocional sin restricciones.
"A mi no se me ocurre nunca nada . A mi siempre me llama algo la atención". Con frases como esta , Alfred Hrdlicka , el escultor y artista más importante de los que ha tenido Austria en el último medio siglo , se pavoneó a lo largo de su provocadora y polémica vida artística por las aulas de las universidades de Bellas Artes de Viena, Berlin, Hamburgo y Stuttgart Siempre en contra del 'main-stream', llegó a decir a sus alumnos que 'el que quiera hacer un culo con latas de cerveza, se ha equivocado de profesor'.
Una vez que salía de las aulas, se subía al escenario del escándalo . Sus esculturas, sus dibujos y sus lienzos, que siempre mostraban al ser humano en situaciones corporales extremas y sus sangrientos montajes descarnados simbolizando brutalmente el dolor humano , no dejaron jamás indiferente a la sociedad austriaca e internacional.
En 1964 participó en la Bienal de Venecia y en 1973 escandalizó a la sociedad austriaca con su ciclo pornográfico 'Sangre Vienesa'(nombre de un vals famoso) para protestar contra la detencion de Wilhelm Herzog, un librero que ofrecía literatura pornográfica.
"A Hrdlicka hay que quererle o rehusarle" dijo en una ocasión su galerista Ernst Hilger
El escultor no dejó a nadie impasible en este pais. Ni siquiera a su novia Flora Schneider que antes de suiciarse en 1999 intentó envenar al artista.
Tras esto, Hrdlicka se hundió en una profunda depresión y fue tras casarse con Angelina, hoy su viuda, cuando salió de su letargo artístico.
Como en tantos artistas austriacos, la muerte y la sexualidad siempre acompanaron la obra de este "convencido ateísta" y declarado comunista.
Aparte de su obra plástica (se formó como escultor de la mano de Fritz Wotruba) realizó coreografías de ópera como Fausto (1982) 'Intolleranza 1960' (1992)
Pero si hay un plaza en Viena que recuerda el desahogo del artista esta es la Plaza Albertina en pleno centro de la capital. En ella diferentes esculturas de cuerpos diezmados por la barbarie nazi y realizadas en 1991 con la piedra de la cantera de Mauthausen, se levantan ante un judío de piedra negra arrodillado y limpiando el suelo con un cepillo.
Hasta el propio cazanazis más importante de la historia, Simon Wiesenthal la calificó el conjunto del 'Monumento contra la guerra y el fascismo' de indigno.
Una de las últimas exposiciones sobre su obra gráfica que se celebró el año pasado en el Museo Diocesano perteneciente a la catedral de Viena, volvió a levantar ampollas hasta en los círculos menos conservadores del pais. En 'Religion , Sangre y Poder' Hrdlicka representaba en uno de sus cuadros una versión de la última cena de Jesús con los apóstoles como una orgía homosexual. Tras las protestas se retiró únicamente el cuadro de la discordia.
La noche del sábado , su espalda "hecha trizas" como decía y las complicaciones terminaron con su vida.
El día 5 de Noviembre, Eduardo Alvarado en su blog "El Pintor del Hierro", publicó una entrada (pinchar título para ir al link), que suscitó, como lo hacen las entradas que merecen la pena, un intenso debate en los comentarios. Hace unos días, uno de mis alumnos de la ETSAVA, me hacía la triste pregunta, ¿"para que me ha servido a mi estudiar filosofía"? Con lo que yo me conmoví, viendo una gran nube de oscuridad sobre el futuro de las artes y del pensamiento en este y me temo, en muchos países. Esta entrada simplemente recoge algunos de las opiniones de Eduardo sobre lo que para él, supone dibujar. No estoy completamente de acuerdo con algunas de sus ideas, pero en esencia comparto cada palabra dicha y me parece una verdadera lección de alguien que ha hecho de su trabajo una filosofía y por ende, una vida. Mi más caluroso aplauso y mi más sincero respeto hacia un artista como lamentablemente ya quedan pocos.
Este dibujo, como otros muchos, lo he realizado en dos tiempos. Lo comencé en el 2002, en el que era un momento de incertidumbre... y de hecho figuró como contraportada de un catálogo en una exposición de entonces; y lo he acabado este año. Se que para muchos esta forma de trabajar cuestiona incluso la misma naturaleza del medio gráfico, eso que llaman la "inmediatez". Pero yo no tengo ningún problema en revisarlos a lo largo del tiempo... de hecho, actualmente trabajo en dibujos que empecé hace más de diez años. A medida que envejezco, soy cada más consciente de la dimensión elástica del tiempo, y este concepto -el del tiempo- se ha convertido en mi principal herramienta de trabajo. Puedo trabajar variablemente con los materiales que se me ofrezcan. Pero necesito tiempo. Para pensar, reconocer, preguntar... tiempo para vivir la experiencia de crear. Es como si aspirase a que el trabajo de toda mi vida pudiese estar condensado en una sola imagen, o a condensar una eternidad en un solo segundo... y de veras siento como si albergase en mi interior las imágenes que produzco desde siempre, desde que era niño, o incluso antes. Es un sentimiento que me acompaña siempre: la sensación de querer pintar siempre lo mismo. Para mi, al menos, agradable sensación. Curiosamente, por otra parte, están aquellos que tildan mi trabajo de ecléctico. En mi caso, creo que la causa no tiene nada que ver con el aburrimiento, que Gordillo alguna vez citó como motor de su cambio (pues no recuerdo haberme aburrido nunca); sino el acopio de un bagaje "técnico" que me permita dibujar y pintar esas imágenes del alma. Como haberme entrenado para ser un medium capaz de conducir las imágenes desde esa otra dimensión, a esta. Quizás suena algo petulante, pero es todo lo contrario: cuando lo comencé, a este dibujo le habían precedido cientos, y le sobrevinieron otros cientos... En aquel tiempo, cuando acertaba, me sentía como el burro que toca la flauta. Así que desde entonces he dedicado mucho esfuerzo a tratar de entender las razones que explican que en un caso una obra salga bien o salga mal. Y en eso creo haber avanzado y este ha sido el conocimiento que he empleado para retocar el dibujo y darlo por concluido. Precisamente el otro día reflexionaba sobre lo siguiente: si bien el dibujo es economía, yo cada vez más, creo tener una actitud más "económica" ante el arte y la vida. Parafraseando a Juan Carlos, pienso que vibra en mis trabajos. A algunas personas les desagrada la cualidad thanatica que presentan mis imágenes... pero yo creo que son ellos quienes obsesionados con la idea de vivir eternamente no quieren reconocer la impermanencia de nuestras vidas y rechazan cualquier cosa que se lo recuerde. Y para ser honesto, yo sentiría que miento, si no priorizara entre mis temas, al que seguramente, junto con el del amor, sea el otro "tema" por excelencia. Así que pienso que además de este aspecto fúnebre, este dibujo y otros míos, están llenos de pasión, de aliento vital, de energía... en definitiva, de vida. Como he explicado articulé el proceso de dibujo de esta obra en dos tiempos distanciados varios años. Por lo que supongo, se solapan en una misma imagen motivaciones levemente matizadas. Quizás sea esa la razón de ese otro tipo de ardor...Hace tiempo superé la etapa de exponerme a propuestas que no procedían estrictamente de mi; de considerar que esto era una prueba o una carrera. Ahora solo me expongo a las mías, y con ellas tengo para largo!Es por mi concepto del dibujo. Y por el de la pintura. Y por el de mi propia vida. Para mi el dibujo tiene una vocación íntima. La pintura en cambio, la tiene de exhibición. Uno dibuja por necesidad, para entender , exorcizar, proyectar… En cambio pinta “definitivamente” para enseñarlo. Es diferente. Por eso no dibujo en formatos grandes pero si que los pinto. En mi opinión la prueba de que el tiempo referido al arte (que es a lo que nos dedicamos), o al menos su percepción es elástica, es el hecho de que tanto a la hora de producir una obra artística, como de contemplarla no hay lugar para la segmentación del tiempo. Una obra requiere para existir un aprendizaje, dedicación, ámbito de creación… pero la suma de ellos no asegura el éxito, sino más bien la noción de “work in progress”. El estar siempre trabajando y encontrar relación entre las distintas orbitas materiales, temporales, temáticas, emocionales, etc. que toman partido a la hora de concebirla. Es por esto que digo “elástico”. Pues contrariamente a la percepción ordinaria más rápida que uno experimenta a medida que envejece, la obra surge con mayor fluidez y el “tiempo” da para más. Porque dibujar es todo. Pero la mía es otra: muchas veces, a lo largo de toda mi vida, me he preguntado el porqué de la falta de interés de las personas sobre su realidad más próxima. Porqué no contemplan y disfrutan los espacios que habitan? La luz que les baña? El suelo que pisan y los alrededores del camino que transitan todos los días? Para responderme elaboré una teoría acerca de la "capitalización" de la vida y la imposibilidad sentimental a la que esta discrecionalidad conduce: pienso que toda aquella acción motivada para la consecución última de dinero envilece en mayor o menor medida todo el ámbito donde se gesta. Y hace poco, en el blog de mi amiga Malena "Spleen", leí una cita de Henri Michaux en la que encontré una semejanza a mi interrogante y una respuesta en el arte como posible solución: "Los Magos sostienen que, en la mayoría de las gentes que observan un paisaje, se forma una cápsula. Esa cápsula no es tan pequeña como se cree y constituye el médium entre el paisaje y el contemplador. Si el contemplador pudiese arrancar esa cápsula y llevársela consigo se volvería inconmensurablemente dichoso, conquistaría el paraíso en la tierra. Pero para ello es preciso una delicadeza extrema, una fuerza prodigiosa y saber lo que se hace. Es como arrancar de un golpe un árbol con todas sus raíces. Los espíritus malignos que utilizan por doquier medios nemotécnicos, representaciones gráficas, comparaciones, análisis y brutalidades sobre la materia observada, no solamente ignoran a qué me estoy refiriendo, sino que no pueden darse cuenta de la sencillez maravillosa y casi infantil de esa operación que os conduce con simplicidad al umbral del éxtasis." Pienso que una forma de fragmentar esa cápsula o de romper ese “cristal” es el ARTE. A Barceló, tampoco lo conozco personalmente... y aunque como artista plástico le reconozco el mérito de haber "triunfado" con una temática antropológica y abstracto/figurativa que me interesa especialmente, de su trabajo me desagrada enormemente un aspecto: en él, todo es aleatorio; da igual que la pintura sea grande o pequeña, que el motivo esté centrado o que no, que la línea venga por aquí o por allí, que sea blanco o negro (o gris), que haya más o menos figuras, que el ojo (o cualquier otro elemento) este más alto o más bajo, que se produzca tal o cual accidente... y precisamente, pienso que esta falta de determinación, es la clave de su éxito y apreciación por parte de una gran mayoría. A través de las artes plásticas, y a veces incluso a pesar de su autor, se propone una experiencia que ineludiblemente conduce a la reflexión existencial. En la medida en que tu trabajo profundice más en este sentido, la respuesta general del gran público va a ser lógicamente contraria... De otro modo empezarían a plantearse cuestiones incómodas que desestabilizarían la pirámide de sus prioridades. Por otra parte, creo que este debate tendría sentido siempre que hablemos de obras de determinada "calidad". Pero es una discusión viciada de principio a fin... por qué, qué crédito social tiene la opinión de alguien que realiza una acción que poco difiere de la que habría realizado su colega pintor del Paleolítico hace 20.000 años? Líneas y colores de la cara a la pared para plasmar una imagen perfectamente prescindible en términos económicos? Y qué opiniones sobre ecología o economía va a tener este individuo? Lógicamente distintas y utópicas para el gran grupo... Antes he dicho que las artes plásticas proponen una reflexión, incluso a veces a pesar de su autor... y la provocan también a pesar de su receptor. Todo ser humano tiene sobrada capacidad para vivir la experiencia estética, y el no hacerlo es únicamente producto de su voluntad. El arte es arte porque su autor, con acierto, repite los procesos de orden y caos que se dan en la naturaleza con el fin de provocar una percepción sublime, tan elevada que no puede ser explicada, y de orden cosmológico. Y esta es la raíz del problema de su falta de apreciación. A medida que el arte deja de inspirarse en la naturaleza, y este es el caso de gran parte del arte contemporáneo, pierde su esencia, su razón de ser, su verdad... Las formas de expresión contemporáneas son las de un arte que se autorreferencia y fagocita: sus referencias son los mass media, el cine, la publicidad, la literatura... Así que es normal que si no estás instruido o al menos familiarizado, no entiendas nada. Pero cualquier individuo de cualquier parte del mundo -a no ser que sufra algún tipo de discapacidad- ha transitado un abanico de vivencias que le capacitan para la experiencia estética. El discurso de algunos antropólogos de que un indígena no entendería una pintura barroca, es taxativamente falso. Evidentemente no sabría interpretar la literatura que encierra la imagen, pero de igual manera que nos afecta a nosotros, experimentaría el misterio del claroscuro, la exuberancia de los cuerpos desnudos, o la profundidad del espacio o el paisaje. Es más, esta experiencia no es algo "exclusivo". Son algunos de los resortes del arte "contemporáneo" los que pretenden que así sea. Pero nunca fue del todo así, ni nunca lo será, por más que algunos se empeñen. El pintor Joaquín Vaquero Turcios en su libro "Maestros Subterráneos" demostró que el acto de creación , ya desde la antigüedad más remota, además de un hecho cultural, conlleva una dosis de trascendencia, emoción y disfrute. Y parafraseándole diré que, en última instancia, el arte es libertad. Y para hacerlo y apreciarlo "sólo es imprescindible la libertad". Y a esto es a lo que han renunciado esas personas. Al hecho individual de ser y sentir según su propio criterio, que al fin y a la postre es más universal que cualquier otro. Han renunciado a sentir, a pensar, a vivir el misterio... porque no les da la gana. Porque si lo hacen quizás tiren por tierra la filosofía por la que rigen sus vidas. Vidas que ha costado mucho esfuerzo construir. Una obra de Picasso nos propone una percepción sublime; esto es, elevada. Una obra de Bach también. Y accesible a cualquiera que tenga ojos u oído. Una ecuación matemática NO. Si no sabes lo que es un número o un signo no entiendes nada. Porque es una construcción intelectual. Pretende explicar el mundo, no crear un ámbito nuevo, manifestación del ser, a la vez único y común. Y que nadie me malinterprete, porque no son los sentidos los únicos que lo posibilitan... lo es mucho más el corazón.
En el tren hacia Madrid, había tanta gente que no pudo encontrar un asiento. En una estación, sube un hombre vestido de negro, robusto y serio, que lleva bajo el brazo un pequeño maletín del que no se separa. Al verle llegar, el compartimento que tiene delante se vacía de golpe, y Music, sorprendido, y al principio encantado, puede por fin sentarse tranquilamente, aunque solo con aquel hombre, amable, pero más bien reservado. No fue hasta la llegada cuando Music comprendió que había compartido su viaje con el verdugo, el cual con sus instrumentos de trabajo bajo el brazo y su garrote vil, iba a cumplir su labor, y que sus compañeros de viaje, supersticiosos, habían querido evitar su presencia.
Con Inside Moebius (Norma), Jean Giraud (París, 1938), ha vuelto a deslumbrar a los amantes de las viñetas. Cuando parecía que ya lo había hecho todo en el mundo del cómic, el padre de Blueberry y del Mayor Fatal ha abierto una nueva puerta para explicarnos la esencia de crear. La obra surge tras su decisión de dejar de fumar yerba. Lógicamente, un encuentro con este gigante de la historieta sólo puede concluir con una pregunta impublicable: "¿Me lo firma?".
Pregunta. El Moebius posmarihuana es también puro Moebius. Habrá oído muchas bromas malas sobre esto...
Respuesta. Descubrí la marihuana en México en 1957. La probé allí por primera vez con artistas que la usaban no para huir de la realidad, sino para aprehenderla y entenderla de una manera diferente a la racional. Ellos usaban la marihuana como una herramienta, no como un remedio para evadirse. Al cumplir los 65 años decidí dejar la marihuana. Creía que iba a ser muy difícil. Entonces empecé un diario de esa aventura personal, pero a las cuatro páginas ya había olvidado mi propósito. En cualquier caso, lo más interesante de ese diario era la posibilidad de aparecer yo mismo como personaje.
P. Es decir, después de haberlo hecho todo en el mundo del cómic, tiene la sensación de haber descubierto algo nuevo.
R. Tengo una relación con los lectores muy particular y ahora quiero hablarles de mí en el proceso de creación. Creo que el interés de muchas de mis historias está en ver el trabajo de un artista que trabaja sin red, que toma todos los riesgos.
P. Para relación particular la que mantiene con su personaje más popular, Blueberry, cuyos álbumes firma con su verdadero nombre, Jean Giraud.
R. Más que con Blueberry, es con el cómic tradicional, que exige historias coherentes, razones, penas... Blueberry es muy importante para mí. Con esta serie aprendí los mecanismos de la narración del cómic tradicional. Además, me ha permitido mantener una larga relación con el público, porque es un personaje muy conocido, y me ha dado la posibilidad de vivir de una manera agradable. Los libros que firmo como Moebius se venden mucho menos, aunque curiosamente son los que me han dado mayor reputación artística.
P. Pero incluso llegó a tener algún problema con Philippe Charlier, el hijo del guionista original de la serie, Jean-Michel Charlier.
R. Cuando conocí a Philippe era un niño de 12 años. Fallecido su padre, Jean-Michel, yo quise seguir manteniendo una relación de amistad con su hijo. Por eso le presenté una historia nueva de Blueberry con la intención de que le diera el visto bueno o hiciera los comentarios que quisiera para mejorarla. Quería que participara. Entonces me dijo que mientras él viviera, yo nunca podría publicar esa historia, porque su padre había puesto unos límites a Blueberry que yo no podía transgredir. Para mí fue un horror.
Isabelle Giraud, la mujer de Moebius, explica que esta historia se titulaba Blueberry 1900 y que en ella el autor mezclaba western y género fantástico con la aparición de fantasmas y zombis. Isabelle afirma que el desencuentro con Charlier hijo impactó tanto a Moebius que hasta le hizo perder durante un tiempo el flujo creativo en la saga Blueberry.
P. Usted dibujó para Marvel una historia de Estela Plateada. Si hubiera seguido con la colaboración ahora sería un empleado de la Disney con tanta concentración empresarial...
R. En Inside Moebius aparece el único superhéroe de Europa. Soy yo mismo volando con dificultad, no como Superman, pero vuelo. Está claro que no tengo la misma seguridad de vuelo que los estadounidenses, pero ahí estoy... surcando el cielo.
P. Hablando de titubeos, en la prensa francesa se ha publicado recientemente que peligraba la celebración del Salón de Angulema.
R. Siempre está en peligro, pero al final acaba celebrándose. Es un certamen que funciona muy bien, pero mientras mejor funciona, más cuesta y eso es un problema en tiempos de crisis económica.
P. Lo que parece seguro es que a este ritmo dentro de poco estaremos todos leyendo manga. El éxito del cómic japonés entre los jóvenes no presagia nada bueno para los autores europeos.
R. El manga es una plaga. La invasión ha sido total, como demuestra las cuotas de mercado que ha conseguido. Es una epidemia. Me recuerda a lo sucedido con las abejas de la Amazonia que suben hasta Norteamérica y matan a las especies autóctonas. En Francia, los camarones han desaparecido porque echaron en nuestras aguas una especie foránea que acabó con ellos. Los nuevos también están buenos, pero no son los mismos... Tienen un acento espantoso. El problema es que el manga llega a Europa, pero el cómic europeo no va a Japón. Eso es lo injusto.
Habla Ryuichi Sakamoto.en mezzopiano, que pasa a mezzoforte cuando sonríe. Pero no pasa de ahí. Se le adivina melancólico -«estoy en el otoño de mi vida», asegura-, y algo de eso está reflejado en su último disco, «Out of noise», publicado en España por Decca conjuntamente con un anterior trabajo suyo, «Playing the piano». El Teatro Circo Price acoge hoy, dentro de la programación del festival de Otoño, la actuación de uno de los músicos más singulares y aplaudidos de las últimas décadas. El concierto, según el propio Sakamoto explicó ayer, incluye en la primera parte los temas de su último trabajo discográfico, para realizar después un recorrido por su amplio repertorio. «Cada concierto es diferente -reconoció el músico-; yo me aburro enseguida, me canso muy pronto, y no podría tocar todas las noches lo mismo. Tengo una lista de unas cincuenta piezas y según me inspire el público y el lugar dónde esté, incluso puedo improvisar. Aunque no faltan, claro, temas como los de «Feliz navidad, Mr. Lawrence» o »Tacones lejanos»».
La música de cine ha sido uno de los campos que mayor popularidad ha otorgado a Sakamoto: «El cielo protector» y «El último emperador» son probablemente (junto con las anteriormente citadas) las más destacadas. Cuando concluya la gira volverá a este mundo y compondrá la banda sonora de la película «Norweggian wood», de Anh Hung Tran; antes compondrá un concierto para koto y orquesta. «Es un instrumento tradicional japonés de diecisiete cuerdas, y este trabajo supone un gran reto para mí».
Dice Ryuichi Sakamoto que «Out of noise» refleja su estado de ánimo, pero cuándo se le pregunta cuál es ese estado de ánimo baja la cabeza, sonríe con timidez y se excusa: «Es difícil describir lo que siento con palabras; yo me expreso a través de mi música, y no soy amigo de explicarla, porque eso limita la imaginación del oyente. Espero que quien escuche mi música sepa lo que siento al componerla».
Asegura el compositor que «me siento mejor cuanto más envejezco; soy mejor artista, tengo mayor riqueza que cuando era joven... Quizás esté loco. Decir que estoy en el otoño de mi vida no es algo negativo. En esta etapa experimentamos la pérdida de seres queridos o de gente a la que admiramos, y eso me hace sentir triste; pero también es algo que me hace reflexionar, y eso me lleva a ser mejor».
Escucha, dice, mucha música de todo tipo -«salvo country, nunca he conseguido sentir nada con ella»-. Sigo teniendo una gran curiosidad. Compongo siguiendo esa curiosidad y escribo aquello que me interesa».
Las nuevas tecnologías han sido siempre un santo y seña del músico japonés, que se siente privilegiado de que la gente siga pagando por ir a sus conciertos. «Hoy en día es casi imposible vivir de la venta de discos, y lo que me preocupa de la situación es que pueda haber artistas con talento que dejen la música porque no puedan vivir de ella». «Lo que no podemos -añade- es vivir sin tecnología. En Japón la mayor parte de la música se escucha a través del móvil; es una realidad y como tal hay que aceptarla. Aunque espero que esta civilización no dure mucho más y que hagamos este mundo más ecológico». Y se mostró muy satisfecho cuando le dijeron que en solidaridad con su causa a favor de los árboles no se había distribuido nota de prensa en papel.